Militantes peronistas le hacen la cruz a Rodríguez Saá: denuncian autoritarismo, desvío de fondos y quiebre de la democracia interna.
El Partido Justicialista de San Luis está viviendo su hora más oscura. Una ola de renuncias masivas estalló después de que Alberto Rodríguez Saá lanzara un discurso incendiario en un acto partidario. El primer en salir con estrépito fue el intendente de Villa Mercedes, Maximiliano Frontera, y tras él, cientos de militantes lo imitaron, desencadenando un temblor político que sacude al peronismo puntano.
Según fuentes internas y posteos en redes sociales, las razones de esta estampida son múltiples: ausencia de internas abiertas, expulsión o suspensión de dirigentes que se atrevían a competir y, sobre todo, un tono que muchos tildaron de “odio” hacia la militancia nacional. El malestar creció también al ver un acto repleto de exfuncionarios y gente cercana al exgobernador, con cero espacio para la base peronista.
Una militante que participó del encuentro puso en palabras el fastidio colectivo: “Dice que Cristina Fernández de Kirchner tiene que correrse para dar lugar a nuevas generaciones, pero al mismo tiempo pide que lo apoyen para volver él mismo a la gobernación. Solo le importa el poder”. Así, mientras algunos esperaban un llamado a la unidad y la renovación, se toparon con un monólogo que muchos describen como una autoproclamación.
Las denuncias no se limitan al discurso. En Villa Mercedes, varios sectores del peronismo hablan de un manejo despótico del partido y acusan a Rodríguez Saá de desviar fondos del PJ hacia Compromiso Federal, una fuerza que encabeza su secretaria privada, Josefina Aldana. Para muchos, ese movimiento equivale a vaciar el PJ y asegurarse un “plan B” en caso de perder control sobre la estructura justicialista.
Mientras las bajas continúan y se esperan más dimisiones en los próximos días, el futuro del PJ de San Luis se dibuja cada vez más incierto. Lo único claro es que, para un amplio sector de peronistas, dejar el partido es una cuestión de principios: se niegan a seguir avalando una conducción que, dicen, traiciona los valores históricos del movimiento.