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Alberto Fernández tendrá su impuesto, gracias a los gobernadores

Si se firma hoy el "Consenso Fiscal", el Gobierno nacional estará habilitado para avanzar sobre el tributo a la Herencia. Sucederá si las provincias lo avalan. Si lo hace, además, recibirán un 40% de los ingresos que obtenga la AFIP. Otra presión más a un país colapsado de presión fiscal.


Si las provincias le dan la derecha hoy al Gobierno nacional y avanza el "Consenso Fiscal", Alberto Fernández pasará a la historia como un Gobierno que creó un nuevo tributo de alcance nacional. En este caso, el que grava las herencias de las personas. Nada nuevo ni que destaque la gestión del actual titular del Ejecutivo. Todos las gestiones de la democracia moderna del '83 en adelante detentan su propio impuesto creado.

Raúl Alfonsín inventó el Ahorro Forzoso, Carlos Menem Bienes Personales y Riqueza Presunta (además de la suba al 21% del IVA), Fernando de la Rúa el tributo a los Débitos y Créditos Bancarios (popularmente conocido como impuesto al cheque), Eduardo Duhalde las retenciones mixtas y múltiples a las exportaciones (saga seguida y multiplicada por Néstor Kirchner) y Mauricio Macri el que grava la Renta Financiera.

Todo esto sumado a los impuestos internos, directos e indirectos que se fueron creando o aumentando durante todos los años de democracia, y al herencia recibida de la última dictadura militar nunca modificada ni mejorada del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y los Ingresos Brutos. Ahora también Alberto Fernández tendrá el suyo, si avanzara la firma de hoy del "Consenso Fiscal".

Quedará para el debate de los expertos si no es el segundo, dado que en 2021 existió el aporte a las grandes fortunas, llamado Aporte Solidario y Extraordinario, que le permitió a Martín Guzmán solventar un relativamente buen año fiscal con un ingreso extra de casi $223.000 millones, casi un 0,5% del PBI y lo suficiente para "salvar" en parte del déficit anual del ejercicio 2021. Para el Gobierno nacional no se trata de un impuesto ya que sólo rigió este año y, en consecuencia, resulta un aporte extraordinario. Para muchos tributaristas sí lo es, porque grava un hecho imponible. Definirá la Justicia.

Lo cierto es que en el caso de la Herencia, no hay dudas. Será, si se aprueba, un nuevo tributo que se sumará a un largo listado nacional, provincial y municipal que suma más de 120 impuestos totales, y que ubica al país en el top de países con mayor presión impositiva. Casi campeón mundial.

¿Qué gravará el nuevo impuesto? Según la letra exacta de lo que los gobernadores (salvo CABA) firmarían hoy, "dentro del transcurso del año 2022, procurarán legislar un impuesto a todo aumento de riqueza obtenido a título gratuito como consecuencia de una transmisión o acto de esa naturaleza, que comprenda a bienes situados en su territorio y/o beneficie a personas humanas o jurídicas domiciliadas en el mismo, y aplicarán alícuotas marginales crecientes a medida que aumenta el monto transmitido a fin de otorgar progresividad al tributo. El mismo alcanzará el enriquecimiento que se obtenga en virtud de toda transmisión a título gratuito, incluyendo:

  • Las herencias;
  • Los legados;
  • Las donaciones;
  • Los anticipos de herencia;
  • Cualquier otra transmisión que implique un enriquecimiento patrimonial a título gratuito".

Esto implicaría que cada vez que una persona reciba dinero (en efectivo, bienes o derechos) en cualquiera de las situaciones mencionadas (prácticamente todas las alternativas de herencias o legados), deberá pagarle a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) un parte del dinero recibido. Aún no está determinada la alícuota correspondiente, pero no sería inferior al 3%.

¿Porqué firman los gobernadores un aval al impuesto? Simple: casi el 40% de lo que se recaude irá a las provincias vía coparticipación; y no se encuentra en la historia moderna (del '83 en adelante) alguna oportunidad en la que los responsables de manejar las finanzas de una región hayan renunciado a dinero extra. En este caso, el análisis es simple. Y carece de ideologías. Peronistas, radicales, conservadores, de izquierda o lo que sea, siempre aceptaron aumentar la presión impositiva sobre sus votantes. Esta vez, tampoco es la excepción.

El nuevo impuesto pasará a formar parte de los tributos no distorsivos (no dañan la producción y el comercio), pero que trepan sobre el otro gran signo de voracidad fiscal. En este caso la riqueza de las personas. Ya hay tributos que apuntan a este objetivo: Ganancias, Bienes Personales e, indirectamente, Renta Financiera. En síntesis. Un tributo más. Otro. En un país colapsado de transferencias de los privados al un sector público que nunca se moderniza ni logra su equilibrio para funcionar con los ingresos adecuados.