Condenaron a prisión perpetua al asesino de Mónica Ramos

El principal acusado declaró pasado el mediodía. El veredicto se conoció a las 21:28.


Este martes, el juicio por el homicidio de Mónica Ramos tuvo el testimonio que más quería oírse en el debate: el de Federico Núñez, el único imputado por el brutal homicidio y robo a la docente en 2020. Minutos después de las 13, el imputado se sentó frente al tribunal para dar su versión de lo que hizo en las horas previas y posteriores al hecho, dijo entender por lo que está pasando la familia, repitió varias veces que es inocente y dio a entender que la causa en su contra fue armada, y apuntó contra un policía que ya declaró hace unos días.

Pero esto no fue suficiente para quedar en libertad, este martes a las 21:28 los jueces decidieron que el imputado fuera condenado a prisión perpetua por el asesinato de la docente.

Fue condenado por “Homicidio doble calificado por ser con ensañamiento y criminis causae y robo calificado por mediar escalamiento en concurso real”.

Al finalizar la lectura del veredicto, los familiares de Mónica Ramos no tardaron en manifestar su conformidad por la sentencia otorgada por los jueces. Se pudo escuchar en la sala el grito de “asesino” y “Justicia por Mónica”.

El testimonio de Núñez

El imputado prestó declaración para dar su versión de los hechos después de las 13.

“He tomado la decisión de sentarme a contar mi versión ante ustedes después de escuchar tantas barbaridades”, comenzó. “Le doy mi más sentido pésame a los hijos por lo que están pasando, porque yo pasé por lo mismo. Porque a mí me mataron a mi hermano más chico y sé lo que están pasando. Siempre quise decir la verdad, pero (el juez Marcos) Flores Leyes nunca me dio la oportunidad”, acusó.

El clima en la sala de audiencias estaba tenso. Los hijos y allegados de la víctima movían la cabeza en negación, se movían incómodos en los asientos; la custodia policial miraba de reojo en todas direcciones.

Núñez contó que la noche anterior al homicidio, la del 2 de marzo de 2020, se disponía a ir a jugar al fútbol cuando vio, en la esquina de Perón y Ayacucho, la Peugeot Partner blanca de su exsuegro, padre de Florencia Allende, que llegaba al departamento en el que vivía, en Ayacucho al 300. Dijo que la relación con la mujer, con la que tiene un hijo, había terminado mal, que ella y su madre lo acosaban por el pago del alquiler, ya que la morada que ocupaba era de los Allende.

Al saber que iba a ser increpado decidió ir y venir por las calles circundantes, incluida la cuadra de Belgrano al 100, en la que vivía Ramos. Esa fue su versión para explicar que cámaras de seguridad de una vecina lo hayan captado pasando 11 veces por la vivienda de la docente, mirando hacia los techos. “Cada vez que pasaba por ahí también se prendía un reflector, uno miraba por reflejo digamos”, acotó. Finalmente desistió de ir a jugar y regresó a su vivienda cuando se aseguró de que ya no había nadie.

Y aquí es necesario traer a colación una frase que dijo más adelante: “He sido muy mujeriego, pero quería hacer las cosas bien con esta chica. Me daba cuenta de que me estaba quedando solo por ser malo con las personas a mi alrededor”. Núñez se refería a su pareja en ese momento Luciana Godoy, con quien dijo iba a reunirse la mañana del martes 3 de marzo para acompañarla a unos estudios médicos.

A su vez, por el problema con el dinero del alquiler de Allende, el imputado le había pedido prestado dinero a su pareja posterior, Bárbara Karp, con quien tuvo un noviazgo hasta diciembre de 2019. Esa mujer también declaró ayer, admitió haberle prestado 10 mil pesos y remarcó que, terminada la relación, se enteró que Núñez le había mentido sobre dónde trabajaba y otros detalles de su vida personal.

Ahora volvamos a la mañana del día del crimen. Como iba a reunirse con Godoy a las 8 a desayunar en su departamento, Núñez dijo que quería terminar del todo la relación con Karp, que sacó 8 mil pesos de sus ahorros y salió con el dinero en su morral a las 6:30 de la mañana, a casa de esa mujer, en calle Soldado Desconocido.

Tomó Belgrano al este y en el trayecto vio a una pareja discutiendo a los gritos y a un patrullero que llegaba a contenerlos, recordó. Dijo que para ver la situación “por chusma me volví”. Y que luego, al continuar, a dos casas de llegar a calle Sarmiento, dos hombres de contextura física robusta, quizás mayores a 50 años, uno de ellos armado, bajaron de una camioneta blanca y le robaron su morral “con la plata que tenía para Bárbara más documentación. Salí corriendo por Sarmiento hasta Ciudad del Rosario, doblé en Perón y volví a mi casa asustado”. En esos movimientos, presuntamente, fue captado otras seis veces por las cámaras de la vecina de Mónica.

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