Denuncias cruzadas entre un peón y su empleador por un campo

Uno sostiene que fue golpeado y secuestrado y el otro afirma que fue atacado a tiros y culatazos por el otro.


Ceferino Gurméndez se puso en contacto con El Diario para dar a conocer lo que, según él, vivió la madrugada del jueves 23 en San Cayetano, el campo de Alto Pelado del que era encargado hasta la semana pasada.

Tal como denunció en la comisaría de ese pueblo, aseguró que la dueña de la estancia, Daniela Estrada Dubor, jueza de la Cámara Penal 1 de Villa Mercedes, llegó esa noche al campo acompañada por un hombre que lo sacó de allí a los golpes, lo subió a la camioneta y lo "encañonó" con un revólver mientras duró el viaje hasta Villa Mercedes. Todo porque, de acuerdo a su versión, Gurméndez le había enviado una carta documento porque él había sido despedido, maltratado y porque mientras trabajó ahí jamás estuvo "en blanco".

Pero la camarista sostiene todo lo contrario. Reconoció que ella y su expareja, Ravelli, fueron hasta San Cayetano aquella noche, pero que cuando su ex intentó hablar con Gurméndez, el hombre le respondió a los tiros con una escopeta y con culatazos que le abrieron la cabeza a Ravelli. Estrada afirma que, desde ese día, es extorsionada por el exempleado para que le pague 2 millones de pesos con tal de que nada de lo que pasó salga a la luz.

Así como Gurméndez denunció a la expareja de la jueza, Ravelli hizo lo propio en la oficina de denuncias de los Tribunales de San Luis.

Ambas partes coinciden en que el conflicto nació el martes 21, cuando Estrada llegó a su estancia con un grupo de amigos con la idea de carnear una vaquillona para festejar un cumpleaños. "El problema se suscitó cuando la persona que iba a carnear el animal le pidió un lazo y una maza al empleado y él no sé en qué situación emocional estaba, porque lo empieza a agredir", relató la magistrada. La letrada dijo que le pidió que bajara el tono, pero el hombre la trató de "c..." y ahí empezó una discusión, en la que el peón le recriminó que "lo tenían tirado, que no estaba registrado ni blanqueado". "Entonces yo le dije 'buscate un abogado, arreglamos esta situación y dejá de trabajar en el campo'", contó.

Gurméndez sostuvo, en cambio, que no le permitió carnear esa vaca en particular porque la Policía le había impedido tocarla, dado que está abierta una investigación por usurpación en contra de otra persona y, por lo tanto, no está determinado de quién es ese animal. Según él, la magistrada se enojó y lo trató mal. "Me dijo que era un negro de m..., que 'vos no sos nadie para venir a meterte y, de paso, no tenés más trabajo. Tenés que renunciar'", aseguró.

Al día siguiente, el hombre le envió una carta documento a Estrada y su madre. Además de los malos tratos, se quejaba de que durante el año y ocho meses que trabajó en San Cayetano nunca tuvo un recibo de sueldo. "Me daban la camioneta y donde vivir, como para subsistir nomás", dijo.

Estrada, por otro lado, contó que le respondió las cartas documento. Contestó que entre ellos no existía una relación laboral, puesto que, en realidad, con quien tenía un comodato de trabajo era con su expareja. La magistrada explicó que fue Ravelli quien contrató a Gurméndez en mayo o junio del año pasado, porque ni ella ni su madre podían hacerse cargo de esa tarea. Aunque la relación entre ella y su ex terminó, el contrato laboral entre los hombres siguió vigente. "Lo llamé a Ricardo y le dije 'fijate la persona que pusiste en el campo porque ahora nos está haciendo problemas ¿por qué no vas, arreglás con él, así terminamos con esto?'". Ese día Ravelli estaba de viaje. "Llegó como a las 9 o 10 de la noche y fuimos para el campo", narró Estrada.

Cada parte tiene su versión de lo que pasó a partir de ese momento. Gurméndez aseveró que la expareja de la jueza lo despertó a los gritos. "Gritaba, no se entendía nada lo que decía, y en eso reventó la puerta de la casa. Me agarró a los golpes en la oscuridad, me entré a defender y se armó", dijo.

"Cuando la pelea terminó, porque tengo la pierna desgarrada y problemas respiratorios, me redujo con un revólver y me llevó hasta la camioneta", narró. Con la luz del vehículo, pudo distinguir que se trataba de la Toyota Hilux de Estrada y que la jueza estaba sentada en el interior del rodado. "La reconocí a la señora. Ella estaba mirando todo lo que me hacían", dijo.

"Ella se bajó, revisaron la casa, me quitaron las llaves de la Ford Ranger del campo, me cargaron en la Hilux con el arma apuntándome y me trajeron a Villa Mercedes. Así nomás, sin documento, sin nada", detalló. Estrada volvió en la camioneta de su estancia y Ravelli y Gurméndez, en la Toyota. "Me dejaron en Montevideo y Marconi y de ahí me fui caminando a lo de mi hermano", narró el exempleado rural.

Muy por el contrario, la letrada relató que cuando su expareja se acercó a la casa de la estancia, luego de llamarlo varias veces, el denunciante salió por una ventana. Fue cuando Ravelli le preguntó qué había pasado, por qué había mandado carta documento y no había ido a hablar con Estrada. "Entonces este chico se vuelve a alocar y le dice que con nosotros no tiene nada más que hablar, que nos retiráramos del lugar, o sea que nos fuéramos de mi campo, que no nos iba a abrir la puerta y que se iba a ir cuando se le cantara", y cerró la ventana violentamente, indicó.

Luego, de repente, vino una escena que la magistrada ni en sus sueños imaginó. "Abrió la puerta, salió con una escopeta y le disparó a Ricardo... Gracias a Dios Ravelli pegó un salto hacia la izquierda", narró.

Desde el interior de la camioneta la jueza no podía ver bien qué había pasado, si lo había herido o matado, porque los árboles le tapaban la visión. "Empecé a tocar bocina como para que supiera que había alguien más y vi que se levantó Ricardo", relató. Cuando su expareja se puso de pie, Gurméndez empezó a pegarle culatazos en la cabeza, se la abrió. "En un momento, logró quitarle la escopeta y obviamente para defenderse le dio unas piñas, lo tiró al piso y ahí es cuando la situación se calmó", detalló.

La magistrada, entonces, se bajó de la Hilux. Pero cuando vio que el denunciante se le acercó, volvió a subirse. "Le pedí que nos entregara las llaves de la otra camioneta, que bajara el nivel de agresión, él se negó y así nos tuvo como 40 minutos en un lugar donde no hay señal y era de noche", precisó.

Gurméndez fue y vino hasta que comenzó a darle un ataque de asma. "Entonces viene y me dice que por favor lo llevara a Mercedes. Yo le dije 'dame las llaves de la camioneta y te lleva Ricardo, yo no me subo con vos ni loca'", narró. Fue entonces cuando el hombre cedió y lo llevaron a Villa Mercedes, hasta la casa de su hermano, en Marconi y Montevideo.

1641215301071.jpeg

Culatazos. La expareja de la jueza dijo que fue golpeado con una escopeta.

Tras la pelea en el campo, los hombres volvieron a cruzarse en el Policlínico

En el Policlínico Regional ambas partes volvieron a cruzarse. Estrada aseguró que mientras Ravelli esperaba ser atendido por las heridas, el empleado rural volvió a increparla. "Me extorsionó con pagarle dos millones de pesos 'para tapar el bochorno'. No sé de qué bochorno hablaba, si nosotros fuimos a hablar bien y nos sacó a los tiros", comentó.

Más tarde, la camarista se enteró de que este no es el primer problema laboral que el hombre de 50 años ha tenido. Ya tuvo conflictos con el dueño de un campo de Paunero y también con otro exempleador de Villa Mercedes.

Tags: policiales