La dramática historia de Priscila, la nena de 7 años asesinada a golpes por no decir “mamá”

El cuerpo de la víctima fue quemado en una parrilla y descartado después en un arroyo de Berazategui. Por el crimen que conmovió al país en 2014, la madre y su pareja fueron condenados a reclusión perpetua.


Priscila Leguiza tenía siete años cuando la mataron el 3 de enero de 2014. La asesinaron a golpes, después trataron de quemar su cuerpo en una parrilla y, como no lo consiguieron por completo, envolvieron sus restos en una frazada y un nylon y los descartaron en el arroyo Las Conchillas de Berazategui.

El espantoso crimen salió a la luz dos meses después cuando uno de los hermanitos de la víctima se quebró y reveló los detalles del filicidio que conmovió al país. Ocho años después, Julio Torrada, el abogado querellante que representó al papá biológico de Priscila, remarcó en diálogo: “No conozco un caso más macabro perpetrado por la propia madre”. v

El juicio llegó recién en marzo de 2019. Entonces, el Tribunal Oral Criminal 5 de Quilmes encontró culpables de homicidio agravado por el vínculo, premeditación, ensañamiento y alevosía a Silvana Lafuente, madre de Priscila, y a su pareja, Pablo Verón Visconti. Pese a las acusaciones cruzadas que se escucharon durante el debate, ambos fueron condenados a reclusión perpetua y actualmente cumplen su pena en un penal de la provincia de Buenos Aires.

La historia del abandono

“La historia de Priscila fue dramática desde el principio”, indicó Torrada a este medio, y explicó: “La madre la parió en un patrullero y nunca más se hizo cargo”. Así, la nena se crio con su papá, Gabriel Leguiza, y dos de sus cinco hermanos. Los otros tres vivían con Lafuente.

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Durante años la relación entre Priscila y su mamá fue casi nula, pero unas semanas antes del crimen la mujer había reaparecido con la supuesta intención de revincularse con ella. “El padre creyó que (Lafuente) podría haberse arrepentido”, señaló Torrada. Por eso, cuando su exmujer le dijo que pasaría a buscar a su hija para llevarla a su casa a ver a sus hermanos, primero se opuso, pero después aceptó, con la condición de que volviera al día siguiente. Y nunca más la vio.

Le pegaba porque no le decía ‘mamá

La verdad de lo que había ocurrido con la nena que estuvo dos meses desaparecida se descubrió cuando uno de sus hermanos rompió el silencio y se terminó de ventilar más adelante en el juicio.

“Ella (la madre) siempre le pegaba porque Priscila la llamaba por su nombre y no le decía ‘mamá’”, contó uno de los menores, que en particular sobre la noche del crimen relató: “Pablo le pegaba con el puño y ella con un caño. Nos mandaron a todos a dormir y a la mañana siguiente me despertaron diciendo que Priscila había muerto”.

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“Le reventó la cabeza con un fierro parecido a un pie de micrófono”, indicó Torrada a este medio sobre la paliza fatal, y añadió: “Después quemó el cuerpo de su propia hija en una parrilla durante siete horas”. Durante el juicio, los hermanos de la víctima dirían ante el tribunal que nunca pudieron olvidarse del olor a quemado.

“Si no hay cuerpo, no hay delito”

Lafuente descubrió esa noche que no era tan fácil incinerar la evidencia. Ya empezaba a amanecer y solo había logrado quemar el 60 por ciento del cuerpo. Fue entonces cuando empezó a desesperarse y llamó a un presunto pastor, identificado como Santos Doroteo Lezcano, para pedirle ayuda.

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“Vení, ayudame. Me mandé una macana. Maté a mi hija”, habrían sido las palabras de la asesina. Cuando el sujeto llegó a la casa de la pareja y vio la escena, les aconsejó deshacerse de los restos de la nena para que no terminaran presos. “Si no hay cuerpo, no hay delito”, les dijo. Y le hicieron caso al pie de la letra.

Una pizza y una gaseosa

“Puso los restos en un cochecito y obligó a los dos hermanos de la nena a que la acompañaran a descartarlo”, recordó Torrada, todavía impactado de tal nivel de frialdad. En ese momento los nenes tenían 9 y 11 años, y cedieron dócilmente cuando la madre los amenazó con terminar igual que Priscila si no colaboraban con ella. “Les prometió llevarlos a comer una pizza y una gaseosa si no contaban nada”, agregó el letrado.

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Allá fueron todos rumbo al arroyo Las Conchillas, pero Lafuente jamás advirtió la presencia de una cámara de seguridad que registró el momento en que los condenados empujaban el carrito con los restos de la víctima. Ese video fue clave después para incriminarlos.

La falsa denuncia y el cinismo de la asesina

La causa se inició como averiguación de paradero a partir de la falsa denuncia de Lafuente. “Ella misma salió a buscar a Priscila”, destacó Torrada sobre la actitud de la mujer que, inconmovible, participó durante días de los operativos de rastrillaje que se hicieron para dar con su hija.

Tres días después, el cuerpo fue encontrado entre los pastizales y arbustos del arroyo ubicado en el límite entre Berazategui y Hudson. A partir de ese momento, tanto la madre como el padrastro quedaron detenidos preventivamente, pero su suerte se cerró definitivamente dos meses más tarde, cuando uno de los hijos de Lafuente se animó a contar la verdad.

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“Esos nenes quedaron destruidos, con la cabeza explotada”, apuntó Torrada. Es que, por un lado, querían que se hiciera justicia por su hermana, y por el otro tenían a su mamá presa, condenada a perpetua.

“Una vida signada por la tragedia”

“La mató Silvia, yo me había ido a dormir. La quemó y la arrojó ella, yo ni toqué el cuerpo. Lafuente era violenta, perversa. Hasta me golpeaba y me cortó con cuchillos”, declaró Verón Visconti en el juicio, tratando de desligarse de toda responsabilidad.

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En cambio, Lafuente lo culpó a él. “Visconti la mató a trompadas. Le pegaba a todos, era violento, más cuando tomaba. Me amenazaba con armas a mí y a los chicos”, relató la madre de Priscila.

“Una vida signada por la tragedia”. Así describió Torrada lo que fueron los siete años de Priscila hasta su muerte. El abogado acompañó a Gabriel Leguiza, el papá de la nena, todo el tiempo que duró el proceso hasta que se lograron las condenas y, tanto fue lo que tuvieron que atravesar entonces, que el vínculo entre ellos se hizo sólido y lo mantienen hasta el día de hoy.

Sobre el padre de la nena asesinada, el abogado señaló que es un hombre muy introvertido y que “tenía una debilidad especial por Priscila”. Nunca pudo recuperarse de semejante tragedia ni volvió a dar entrevistas a la prensa.

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