Las riesgosas similitudes económicas que hay con febrero del 89

Pasan los años y la Argentina enfrenta los mismo problemas. Esta semana, el país debe afrontar un vencimiento de deuda que, en caso de cancelarlo, dejarían al Banco Central con reservas al mínimo. Por eso, es clave el apoyo el FMI. Las similitudes con febrero del 89, hace 33 años


No hay nada más viejo que el diario de ayer ni más actual que el de hace 30 años. En la Argentina, esta sentencia es irrefutable. Comienza una semana económica de muchas definiciones y cargada de incertidumbre. La negociación con el FMI viene demorada y el viernes el país debe afrontar el pago de deuda por poco más de u$s700 millones. El martes u$s300 más. Las reservas líquidas del Banco Central, según los cálculos de algunos economistas, están en unos u$s2.000.

Hacer ese desembolso, sin un acuerdo garantizado con el organismo internacional, dejaría al país prácticamente sin divisas para afrontar la actividad económica y la demanda de dólares de empresas y particulares. No hay una decisión clara de lo que va a hacer el oficialismo ya que una parte se muestra partidaria de mantener la relación con el Fondo, mientras otras alientan la ruptura.

Esto se produce en un contexto de gran cantidad de pesos circulando, por una emisión descontrolada en los últimos meses, que está acelerando el ritmo de la inflación. Esto se refleja en la mayor devaluación de la moneda, por parte de la autoridad monetaria, en relación al tipo de cambio oficial y al salto del “blue” en los últimos días.

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Todo este escenario supone que, depende la decisión que se tome el viernes próximo (pagar, no pagar o postergar el pago), la Argentina va a vivir un febrero “caliente”.

Esta sería la noticia, aunque no sea una novedad.

Hace 33 años, en febrero del 89, el país encontraba en una situación con muchas similitudes y desató una crisis económica de las más importantes que enfrentó la Argentina.

Ese mes fue la bisagra entre el fracaso de planes de estabilización fallidos y el inicio de la hiperinflación.

Después del éxito transitorio del Plan Austral, en abril de 1985, la falta de solución de los problemas estructurales llevaron, en 1987, a otro intento para frenar la inflación con el Plan Primavera. Pese a su fracaso, se insistió con el Plan Primera II.

Hasta ese momento, la economía argentina estaba contenida por el apoyo que recibía del FMI y el Banco Mundial que, a través de la renovación de préstamos, permitía financiar los desequilibrios del país, en una lenta agonía.

Pese a esto, la inflación de 1988 había llegado a 387,4%. Sólo en diciembre de ese año, el costo de vida subió 6,9%.

En el comienzo del 89, la situación empeoró. El contexto político era de gran tensión. Aunque todavía no se había anunciado, era un hecho que el presidente Raúl Alfonsín iba a decidir adelantar las elecciones presidenciales. La oposición ya estaba en plena campaña y algunas figuras importantes hablaban de un dólar “súper alto” tras el previsible triunfo del peronismo.

En cuanto a lo económico, el hecho determinante fue que, en ese inicio de año, la relación con el FMI estaba virtualmente rota y la posibilidad de un nuevo acuerdo era inexistente. Por otra lado, el Banco Mundial decidió suspender la ayuda a la Argentina. Sin el apoyo internacional, se marchaba hacia un duro desenlace.

Estos días frenéticos de enero, dieron paso a un febrero explosivo. El 6 de febrero el equipo económico, comandado por Juan Vital Sourrouille, tomaba una decisión trascendente y terminal, junto con el presidente del Banco Central, José Luis Machinea.

Antes de la apertura de los mercados, después de un par de días de feriado bancario, se difundió un comunicado que explicaba que se dejaba sin efecto el sistema de subasta de dólares que regía para pasar a una política de flotación libre de divisas para los ahorristas, con un dólar comercial e industrial que se regiría con una pauta devaluatoria del 6% mensual.

Demasiados tecnicismos para disimular lo que no se decía: el Banco Central se había quedado sin reservas.

Ante esta situación comenzó una corrida cambiaria que hizo que el austral se devaluara a ritmo acelerado. La inflación de febrero fue de 9,6%, en marzo de 17%, en abril de 33%, en mayo de 78, en junio de 114, y en julio de 196%. Así se desató la primera hiperinflación de esos años.

Hay economistas que ven hoy riesgosas similitudes con lo que sucedió hace 33 años. Otros, en cambio, encuentran grandes diferencias. Una cosa está clara: la economía argentina gasta más de lo que produce. Eso pasaba en febrero del 89 y pasa hoy.

Ya se sabe lo que ese problema provocó en aquella época, cuando el país se quedó sin apoyo externo y sin reservas. Lo que suceda ahora es una incógnita que está en manos de del Gobierno.

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Tags: política