Mantuvo cautiva y abusó de su pareja: confirmaron la condena

La defensa planteó una casación, pero el STJ ratificó el fallo tomando en cuenta el contexto de violencia de género.


El Superior Tribunal de Justicia (STJ) de San Luis confirmó la sentencia para Rodolfo Gómez, el hombre que fue condenado a 25 años de prisión en 2019 por privar de la libertad y abusar sexualmente de quien era su pareja, Érica Tebez, en San Luis. Rodolfo Mercau, defensor del acusado, había presentado un recurso, argumentando que el hecho no estaba probado porque la víctima no había planeado un "escape" a las agresiones desplegadas por el hombre. “Es una muy buena noticia que hayan rechazado lo que planteó —le dijo ayer Érica a El Diario—. Hoy por hoy espero que se haga el juicio de mi hija”. En esa otra causa se investiga a Gómez por corrupción de menores, dado que la chica —que no es hija del condenado— también estuvo encerrada junto a su madre y fue testigo de los vejámenes y maltratos.

Si bien ellos ya estaban en pareja desde antes, fue a principios de 2016 cuando Érica y Gómez comenzaron a convivir en un departamento ubicado en Constitución 1210 que es propiedad de la madre de Gómez. Allí, en la planta alta, ocurrieron las agresiones. Érica perdió su trabajo dado que Gómez la celaba y la manipulaba. También hizo que se alejara de su familia y amigos. Según el relato de la víctima, los maltratos comenzaron en septiembre de ese año, cuando ella descubrió en el celular de él que le era infiel. Por esa razón, decidió separarse y Gómez comenzó a agredirla y la mantuvo cautiva. La ataba, la obligaba a consumir droga y le daba de comer ínfimamente. Eso, sumado al confinamiento, generó en Érica una alienación que la llevaba a pasar la mayor parte del día adormecida.

La violencia fue primero emocional y luego física. El informe que hizo el médico forense, Luis Paulo Lucero Arienti, que examinó a Érica después de que ella pudo escapar junto a su hija la mañana del 13 de junio de 2017, dio una pauta clara de la violencia que Gómez ejerció. Tenía hematomas en el cuero cabelludo, el rostro, en un hombro, en los glúteos y rodillas. También presentaba un corte en el labio, un diente quebrado, quemaduras antiguas y recientes hechas con agua y cigarrillos, una fractura en el peroné izquierdo y lesiones en la zona genital, producto de los abusos. Además, estaba deshidratada y desnutrida.

El veredicto condenatorio fue dictado en diciembre de 2019 por la Cámara Penal 1, quien consideró a Gómez responsable de "Privación ilegítima de la libertad agravada, abuso sexual con acceso carnal agravado por el daño a la salud psíquica de la víctima y lesiones graves agravadas por la relación de pareja, el ensañamiento y violencia de género”, coincidiendo el tribunal con la calificación y el pedido de pena que había hecho en los alegatos la entonces fiscal de Cámara 1, Carolina Monte Riso (actualmente ministra del STJ).

En el juicio se probó que Érica estuvo secuestrada y fue abusada durante meses por quien era su pareja. La hija, que actualmente cursa la secundaria, también presenció todos estos hechos, lo que afectó gravemente su salud mental y le causó ansiedad, desescolarización, aislamiento familiar, sumisión al secreto y participación en los atentados contra su madre, entre otras situaciones que afectaron su normal desarrollo, informaron ayer fuentes judiciales citadas por Télam.

Este caso llegó a Casación tras la presentación de Mercau, un recurso jurídico que permite que el STJ revise la decisión de una Cámara. El abogado del condenado señaló que la víctima “no articuló alguna forma de llamar la atención y así poder requerir auxilio para su persona y la de su hija”, ante lo que el máximo tribunal reafirmó ahora con la resolución que "una víctima de violencia de género no es responsable por no planear un escape de las acciones de su agresor". El máximo tribunal provincial consideró que esta forma de evaluar el hecho pretendía hacer foco en lo que la víctima “no hizo” por su libertad y la de su hija y desviándose de lo que “sí hizo” el victimario para evitar su responsabilidad.

Para arribar a esta conclusión, el STJ tuvo en cuenta el contexto de vulnerabilidad y de violencia de género en el que se desarrollaron los delitos cometidos. Los hechos se evaluaron en el marco de un “ecosistema violento” que el condenado impuso a las víctimas, en donde los excesos se fueron “instalando en la cotidianidad”.

El fallo también explica que, en el marco de la violencia doméstica, “la mujer se encuentra entrampada en un círculo vicioso del que no puede salir, porque tiene miedo a represalias, sabe que en cualquier momento la agresión va a suceder”.

Asimismo, se indicó que la víctima de violencia se va aislando y muy pocas veces cuenta lo sucedido, ya sea por miedo o vergüenza, por lo tanto, no puede actuar, ya que está sometida y despojada de sus redes de contención, situación que es generada y construida por el victimario.

En esta confirmación de la sentencia condenatoria, el STJ destacó que se aplicó la legislación vigente y específica, de orden público (Ley Nº 26.485, de Protección Integral a las Mujeres) y convenciones de rango constitucional, y que los hechos y la prueba aportada a la causa se interpretaron dentro de un contexto de violencia de género. En el mismo sentido, el STJ provincial consideró que la pena fue proporcional en función del contexto de desigualdad de género, a partir del cual se realizó "una valoración armónica y conjunta del material ilícito".

Érica le contó a El Diario que, después de que lograron escapar, tanto ella como su hija tuvieron contención psicológica brindada por intermedio de la Secretaría de la Mujer #NiUnaMenos. Luego, cuando les dieron de alta allí, ella decidió continuar con el tratamiento de modo particular. “Tenemos para largo tiempo. Ha sido de gran ayuda la terapia, los parientes y el apoyo de muchas personas para poder salir adelante. Estamos mejor. Mi hija va a natación, hace otras actividades. Emocionalmente quedó afectada y hay cosas que ella aún se acuerda. Pero es una niña muy inteligente, que ha sabido sobrellevar todo esto con el acompañamiento de la psicóloga, de la familia. Es muy abierta, muy predispuesta”, contó. Y continuó: “Yo tengo varios trabajos, aprovecho las oportunidades que surgen, también estudio. Me siento bien dentro de todo. He cambiado mucho después de lo que pasó. Antes todo lo consultaba; ahora me siento más segura, más predispuesta, más decidida. No vivimos con miedo en el día a día, pero en ciertas circunstancias que nos pasan nos preguntamos: ¿y el día que salga de la cárcel? Por eso tomo muy bien esta noticia de que confirmaron la condena. Solo falta que se haga justicia por mi hija”, dijo.

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