“No lo quiero ni ver a Lucio porque me amarga la vida”: el rechazo de la novia de la madre

En el juicio se conocieron mensajes que intercambiaron la madre del pequeño y su pareja. Ésta le relataba golpizas al niño porque había regresado de un cumpleaños con vómitos.


En las audiencias del debate oral por el crimen de Lucio Dupuy en La Pampa, tomaron luz conversaciones por mensaje que mantenían las imputadas: su madre, Magdalena Espósito Valenti, y su pareja, Abigaíl Páez.

Pocos meses antes de ser asesinado, Lucio fue invitado a comer a la casa de sus compañeritos de clase. Como solía suceder, los padres anfitriones se quedaron asombrados de todo lo que comía. Pero esa ingesta de comida de manera desmedida, por el hambre que pasaba, le trajo problemas gástricos. Esa noche, cuando volvió a su casa, vomitó. Eso derivó en una nueva paliza.

En una conversación expuesta ante el tribunal, una mujer le contó a la otra la situación y relató cómo golpeó al nene por el vómito. La madre es la que recibió el mensaje con la información de que su hijo había sido golpeado y en ningún momento se escandalizó, ni nada por el estilo. Para ellas, según los mensajes, atormentarlo parecía algo natural.

En otra conversación, aunque también refería a Lucio vomitando, Magdalena le preguntó a Abigail: “¿Cómo le pegaste? Ya van dos veces que vomita”. Hay otra charla en la que contaron que al nene lo dejaron en el patio en penitencia un día de lluvia.

La novia de la madre escribió: “No lo quiero ni ver a Lucio porque me amarga la vida”.

El abogado de la familia de Lucio, José Mario Aguerrido, realizó en las últimas horas, en diálogo con América Noticias, una valoración de los chats: “Para ellas, Lucio era una molestia y se daban peleas por culpa del chico. El problema es que no les permitía salir, ser supuestamente independientes. Quedó registrado en los diálogos entre las dos. Generalmente, la que más duramente lo castigaba era Abigaíl Páez, por eso nosotros planteamos respecto de la madre la acción o la omisión. Ella es culpable de golpearlo, pero, además de no haberlo sustraído de ese ámbito”.

El juicio oral contó, además de los chats, con un centenar de testigos. Hablaron ante el tribunal familiares, padres de amigos, maestras, médicos, entre otros. Todo ese cúmulo de testimonios, más las evidencias, fueron lo que llevó a la fiscalía a realizar la acusación de abuso sexual y homicidio triplemente agravado por alevosía, porque el niño no se pudo defender; ensañamiento, por el tormento que vivió durante meses y por el vínculo.

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