"Quiero que mi papá pague por lo que nos hizo a mí y a mi hermana"

La jueza Natalia Giunta ha ordenado medidas, como pericias psicológicas y atención médica para ambas.


“Quiero que se haga justicia y que mi papá pague por todo lo que hizo”, expresó ayer L. I. cuando salió de declarar en el Juzgado de Familia, Niñez, Adolescencia y Violencia 1, a cargo de la jueza Natalia Giunta. Ella es la joven que a mediados de octubre logró escapar de la casa de su padre, que la tenía a ella y a su hermana encerradas en una habitación, prácticamente sin comer.

La vivienda en la que L.I. vivió un verdadero horror, según recuerda, está ubicada en Elpidio González al 900, en el barrio Di Pasquo. El pasado jueves 14 de octubre, cuando su padre se descuidó, halló la oportunidad de escapar y lo hizo para salvar su vida y la de su hermana. Ambas tienen retraso madurativo y de a poco se recuperan de un avanzado estado de desnutrición. Según señaló en aquel momento el jefe de la Comisaría 2ª, comisario inspector Guillermo Gil, L.I. le pidió comida y auxilio a un vecino, quien dio aviso a la Policía.

Tras identificar a L.I., de 25 años, los agentes fueron a su domicilio y allí, tras lograr comunicarse con una prima de ella, supieron que adentro había quedado su hermana, de 24 años, quien estaba en las mismas condiciones. Gil refirió que cuando entrevistaron al papá y a la madrastra de las muchachas, ellos nunca tomaron dimensión de la gravedad de lo que sucedía. La Policía realizó un “Comunica situación” a la jueza Giunta, quien ordenó que ingresaran a la vivienda y rescataran a la otra joven.

Luego, por orden de la magistrada, las hermanas quedaron al cuidado de dos primas que viven en domicilios separados. “Ella (L.I.) está con tratamientos en el Hospital San Luis, donde le dan toda la medicación y tratan la desnutrición. A nivel salud, va mejorando de a poquito. Y a nivel afectivo las dos están muy contenidas en los lugares donde cada una vive”, detalló Giunta a El Diario.

“Se han ordenado una serie de medidas, como pericias psicológicas y atención odontológica y ginecológica” para las víctimas, dijo. “En primer momento, lo importante fue atender la salud de ellas y ver dónde iban a estar. Después se continuó con otras medidas. Por ejemplo, se envió un oficio al Ministerio de Educación para que les otorguen banco, porque ellas quieren estudiar”, expresó.

“Ahora conté todo lo malo que me hizo mi papá. Conté que comíamos cáscaras de la basura por el hambre que teníamos. Ahora podemos salir y disfrutar como queríamos y estar bien las dos. Quiero que salga todo bien y que termine todo esto”, expresó L.I. Refirió que, a pesar de que ahora viven separadas, el vínculo con su hermana no se rompió. “Ayer (por el jueves) fue su cumpleaños y estuve con ella. Fue un festejo sorpresa para ella porque nunca había tenido una fiesta de cumpleaños”, dijo, contenta.

Por su parte, Verónica Trug, la prima que tiene a cargo a L.I., refirió que hace aproximadamente un mes la joven estuvo internada durante dos semanas. “Fue a causa de la mala alimentación que tuvo cuando estaba con su padre, ahí le daban de comer cáscaras de papa, de cebolla y zanahoria. Los médicos dijeron que tenía un bolo fecal, le hicieron un tratamiento con antibióticos. Después eso se le fue y lograron, gracias a Dios, que no necesitara una cirugía. Ahora está con tratamiento con una nutricionista, porque sigue con bajo peso”, explicó.

Dijo que tras la audiencia de ayer recibieron un oficio para que L.I. pueda hacer su DNI. “Después de que lo tenga vamos a tramitar su certificado de discapacidad. También nos dieron el turno para que el viernes próximo ella venga a la psicóloga del Poder Judicial”, contó la pariente. Y señaló que posiblemente la profesional sea quien ayude a su prima a contar más detalles de lo que vivió. Sospecha que también podría haber sido víctima de abuso sexual. Indicó que cuando le preguntan al respecto, L.I. “se queda como tildada” y no responde.

Por último, resaltó que continúa vigente la restricción de acercamiento del padre y de la madrastra hacia las hermanas.

Publicidad