Tiene 16 años, su papá murió de cáncer y creó una almohadilla contra el dolor

Candela quiso ayudar a su padre en el transcurso de la enfermedad, pero él falleció. Sin embargo, no se rindió y hoy, junto con sus compañeros de escuela, diseña “productos reconfortantes” para aliviar a quienes lo necesiten.


Transformar el dolor en amor, en solidaridad, en proyectos y sobre todo en una nueva oportunidad. Eso fue lo que hizo Candela Moscoso, una adolescente de 16 años que hace unos meses perdió a su papá luego de una batalla contra el cáncer de colon.

Cande vivió codo a codo la dura enfermedad que en pocos meses se llevó a José Luis, su gran compañero. Fue testigo del padecimiento que debió atravesar y es por ello que tuvo la idea de darle una mano y puso en marcha un nuevo proyecto: almohadillas que generen sensaciones y sean reconfortantes para los pacientes oncológicos.

Cómo surgió el proyecto

Todo comenzó en un proyecto de laboratorio que propuso la docente Florencia Montani de la Escuela Técnica N°1 de Ingeniero White, Bahía Blanca. “La práctica explicaba la cristalización. En esta experiencia nos decían que también podíamos desarrollar almohadillas y a mí me pareció perfecto hacer una para mi papá”, contó Candela.

Lamentablemente, con el correr de los meses, la enfermedad avanzó y el hombre falleció. “Durante ese tiempo yo pude ver todo su proceso de la enfermedad y todo lo que él necesitaba antes y después de la operación”, explicó la adolescente.

“Con mi papá teníamos un vínculo muy especial, yo he pasado por muchos periodos tristes y con él siempre fuimos muy cercanos. Éramos un buen equipo”, recordó con mucho amor.

Es por ello que hoy, en su memoria, continúa con el proyecto. Esta almohadilla, que ya había dado sus primeros pasos, tenía el objetivo de beneficiar a José Luis luego para aliviar los dolores. “Tras la operación estaba mucho tiempo acostado y le dolía mucho la espalda y las articulaciones. Al tener las defensas bajas también necesitaba sensaciones, quería algo frío o caliente en el cuerpo para sentir otra cosa que no sea ese dolor”, precisó Cande y añadió: “La almohadilla lo iba a beneficiar no solo para las dolencias musculares, sino también para que sienta algo diferente que no lo haga acordar al dolor. Me pedía sentir algo lindo”.

Es allí donde le fueron sumando más y más elementos. “Surgió la idea de que tenga sensaciones: olores, leves electroestimulaciones y el calor propio de la almohadilla”, precisó.

La almohadilla está compuesta de acetato de sodio, que es un reactivo. También lleva un aparato que genera vibraciones. Además, está en plan de agregarle un difusor de fragancias derivadas de la aromaterapia como la lavanda y las melisas.

“La reacción de la cristalización dura 20 minutos y luego se tiene que llevar a baño maría para que vuelva a su estado. Ahora le agregamos un cierre para hacer una especie de ventana para que se pueda ver la formación de los cristales que es un proceso muy hermoso, el cual si la persona enferma lo observa se va a relajar también, ya que es muy placentero a la vista”, explicó Cande.

Un proyecto “solidario, amigable con el ambiente y con impacto social”

El prototipo ya está puesto en marcha y ahora solo queda perfeccionarlo. “La finalidad es donarlo para pacientes oncológicos que no pueden acceder a productos reconfortantes, hospitales públicos de precaria infraestructura y salitas médicas barriales”, detalló Candela y remarcó que el apoyo de sus compañeros durante todo el trabajo fue fundamental.

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“Todos colaboraron aportando ideas, ya conocían la historia detrás de las almohadillas y siempre me bancaron”, manifestó. Así nació Comforting my Emotions. “Nuestra idea es lanzar una serie de productos reconfortantes que no estén en el mercado, que sean amigables con el medioambiente y que generen algún impacto social”, resaltó Cande.

Actualmente, este equipo se encuentra en la final de un concurso internacional en el que compiten proyectos de muchos países impulsados por Tekuoia, una asociación que promueve “negocios de impacto que el planeta necesita”. Si ganan, van a viajar a la Capital Federal para participar de talleres de mentoría que van a ser de gran ayuda para fomentar su labor.

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Cande junto a su equipo de compañeros sueñan con que el proyecto crezca para alcanzar a todos aquellos que deseen adquirir el producto. “Nuestras almohadillas no van a ser solo para pacientes oncológicos, sino que pueden ser para cualquier persona que lo necesite, porque no solo brindan un confort físico, sino también psicológico”, detalló.

“La idea es que le llegue a la gente que nos pueda ayudar económicamente, con materiales o difusión. Esto es un emprendimiento, si bien vamos a donar gran parte la idea es que mediante la venta podamos abastecer el emprendimiento y así poder desarrollar más”, explicó Cande que sueña con poder crear su propia marca.

Podés seguir al proyecto en sus redes sociales:

Instagram: @Comfortingmyemotions

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